Y es en el plano de la intimidad en el cual se desarrolla la historia que acabo de terminar de leer. “Toda esa gran verdad” opera prima de Eduardo Montagner entra en el mundo de la homoliteratura mexicana para analizar desde lo más hondo el fetichismo homosexual.
Por medio de Carlo quien es un adolescente que poco a poco va descubriendo su atracción por Paolo y más que nada por las botas que este usa para el trabajo, nos introduce el autor en el mundo de las fantasías más intimas, a lo inconfesable. Llena de simbolismos al más puro estilo de la literatura nipona de Yukio Mishima, la obsesión de Carlo por las botas de Paolo, más allá de una cuestión patológica, posiciona el fetichismo del protagonista como un elemento que sustenta la construcción de su identidad sexual.
No se trata del típico argumento gay con sus elementos característicos. Se puede entender la psicología del personaje principal en todo momento como un anhelo del querer ser como su amor: vivir su vida. Hasta cierto punto Carlo satisface sus deseos mas íntimos desde una perspectiva interna y analítica sin compartirla a nadie.
El autor describe a su personaje como un buscador de su propia satisfacción, que al momento de autodescrubrirse diferente, distinto a los demás, trata de encontrar y de construir su identidad a partir del entorno limitado en el cual se desembuelve.